San Juan Bautista: El Corazón Olvidado de Nuestra Tierra

Martínez de la Torre, Veracruz.

Por Polo Garcia

¿Qué le sucede hoy a nuestro amado Martínez? Es una pregunta que flota en el aire, entre el aroma de los azahares y el correr del río Bobos. A veces, para entender el presente, hace falta detenerse y mirar hacia atrás, hacia ese rincón del alma donde guardamos nuestras raíces.

Hace cuatro décadas, algo cambió. No fue solo un movimiento de sillas o de puestos; fue el inicio de un silencio que ha ido mermando nuestra cultura. Al alejar la fiesta patronal de su cuna —el centro del pueblo, el atrio de la iglesia, el pulso de nuestras calles—, le quitamos a la celebración su propósito más sagrado.

 

El Error de la Distancia

 

Se dijo entonces que la feria estorbaba, que el tráfico se complicaba, que los comercios necesitaban espacio. Bajo esa lógica de cemento y conveniencia, se buscó un recinto “grande y pomposo”. Pero en ese traslado, perdimos lo más valioso: el encuentro espontáneo.

La fiesta dejó de ser del pueblo para volverse una exposición. Se nos olvidó que la verdadera esencia no estaba en los grandes carteles, sino en la gente humilde y trabajadora que llegaba con sus escasos recursos a saludar a su “Tata” San Juan. Aquellos que venían a hacer “el recaudo” y aprovechaban para pedir una bendición, compartir un pan y disfrutar de una feria que sentían suya. El éxito de nuestra fiesta no era el lujo, era la identidad.

 

El Renacer de la Tradición: Alfombras y Oraciones

 

A pesar del olvido oficial, un rayo de esperanza ha comenzado a iluminar nuestras calles. Un grupo de ciudadanos nativos, con el corazón encendido por el amor a su tierra, ha iniciado el rescate de nuestra esencia. Sus manos, bendecidas por la paciencia, dibujan hoy sobre el pavimento alfombras de aserrín multicolor, trazando un camino de arte y fe para que el Santo Patrón vuelva a sentir el calor de su gente.

Es el pasacalle de la resistencia cultural, donde San Juan camina nuevamente por el centro de la ciudad, recordándonos que su lugar siempre ha sido junto a nosotros, en el latido de nuestras calles principales.

 

El Grito del Río Bobos

 

El momento cumbre de este renacimiento es el gran viaje por las anchas aguas del río Bobos. San Juan se embarca para bendecir los campos que nos dan vida, recordándonos que él es la fuerza que nutre nuestras siembras y las ricas aguas que reconfortan la tierra.

Pero este paseo por el río no es solo alegría; es también una profunda reflexión. Al navegar, San Juan escucha el susurro de la corriente que se debilita. El río Bobos, que alguna vez fue caudaloso y soberbio, hoy parece gritarnos en su avanzar: “¡Ayúdenme, voltéenme a ver, me estoy secando!”. Es un llamado urgente a nuestra conciencia, pues sabemos bien que un río que se seca, nunca más vuelve a cantar. La fe en San Juan debe ser también fe en la vida y cuidado de nuestra naturaleza.

 

Un Nombre con Alma

 

Han intentado rebautizar nuestra alegría: Feria del Cítrico, Feria de la Naranja, Recinto Ferial… pero ningún nombre logra echar raíces. Y es que las fiestas patronales no nacen de un decreto municipal, sino del amor de un pueblo a su santo patrón. San Juan Bautista es el nombre que nos define desde la creación de nuestra parroquia; es el motivo por el cual, durante más de 80 años, cada 24 de junio nuestras calles se llenaban de orgullo.

 

Antes, la fiesta era el imán que traía de vuelta a los hijos que se habían ido a estudiar o trabajar. Hoy, nos queda un recinto frío, un desfile de conciertos que a veces parece más un brindis al olvido que un tributo a nuestra historia.

El Regreso al Origen

 

No quisiera pensar que San Juan está enojado, pero es innegable que cuando un pueblo olvida su devoción y descuida su río, su fuerza se debilita. Hemos visto partir al Ingenio Independencia y nuestra economía flaquear. Quizás sea porque hemos permitido que la razón principal por la que nos fundamos a las márgenes del río se desvanezca.

Una fiesta patronal no es solo un lugar para ingerir bebidas o satisfacer el oído con ruido pasajero.

Es el espacio donde las nuevas generaciones aprenden que ser de Martínez de la Torre es un honor que se hereda y una responsabilidad que se protege. Tras mucho observar, he comprendido la clave del éxito: Fe, Respeto y Devoción.

Es momento de devolverle la fiesta a su dueño y la vida a nuestro río. Es momento de que San Juan Bautista vuelva a caminar y navegar entre nosotros, para que Martínez de la Torre recupere su brillo y su dignidad.

 

Porque un pueblo que celebra su identidad y protege su tierra, es un pueblo que nunca muere.

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