La Leyenda de la Cueva del Encanto en Tlapacoyan

Un campesino de nombre Cirilo salió a trabajar en su milpa llegando a su terreno, se percató que la montaña frente a él, se veía luz en la cueva que siempre le había llamado la atención. La curiosidad hizo que entrara al abismo siguiendo esa luz.

A unos cuantos pasos de la entrada, se encontró que la cueva contaba con un enorme lago de aguas cristalinas y en este nadaban cisnes blancos que convertían en hermosas mujeres.

Cirilo pensó que había pasado un día maravilloso, pero en realidad había transcurrido un año dentro de la cueva.

Su esposa preocupada porque no regresó Cirilo a la hora que acostumbraba, pidió ayuda para que lo fueran a buscar; Tardaron varios días en encontrar alguna pista y lo único que hallaron fue solamente sus herramientas para trabajar en la milpa y su acostumbrado morral de campesino.

Lo dieron por muerto y desaparecido por mucho tiempo. Sin embargo Cirilo se encontraba en la cueva pensando que ya era muy tarde y debía pensar en regresar, sobre todo debía recoger su herramienta que dejó afuera de la cueva para que nadie se la fuera a robar.

Al no ver sus cosas, emprendió el camino a casa y se fue encontrando casualmente con varias personas que habían participado en su búsqueda, ellos se acercaban y le preguntaban que a dónde había estado, que todos estuvieron preocupados por él. Cirilo solo se limitó a contestar que simplemente se había ido a trabajar en la milpa. Los vecinos solo se reían a manera de burla.

Él no le dio mucha importancia, pero cuando llegó a su casa, su esposa Genoveva se encontraba triste y vestida de negro. Al verlo se quedó muda por instantes y comenzó a llorar pidiéndole que le explicara en dónde había estado un año completo sin avisar.

 

Cirilo le explicó lo que había visto en la cueva y el encanto de los cisnes. Él comprobó que ya había pasado un año al ver a sus hijos más grandes y a su esposa llena de canas ocasionadas por la preocupación.

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