LA INVASIÓN DE LA PALMILLA Y EL VIOLENTO DESALOJO

Nazario Romero Díaz.-

Un trágico acontecimiento que hizo caer por unas horas el gobierno del Estado fue el criminal desalojo que hicieron por su cuenta y riesgo los empresarios agrícolas y ganaderos, de los campesinos que habían invadido el predio de la hacienda La Palmilla, propiedad de los Arámburo, de Tlapacoyan.
Corría el año de 1975 cuando un grupo de campesinos invadió el predio ganadero para la formación de un ejido, presuntamente alentados por la autoridades agrarias federales, encabezadas por Augusto Gómez Villanueva, hombre cercano al presidente Echeverría.
Habían construido jacales de cartón y plástico, en tanto que los dueños legítimos de las tierras promovían ante los tribunales el desalojo de los invasores, sin que hubieran logrado su propósito.
Ante esa circunstancia, muchos de los propietarios de fincas rústicas, por temor a que otros predios también fueran invadidos, se solidarizaron con los agraviados y acordaron en reunión secreta realizar el desalojo para hacerse la justicia que les negaban las autoridades. Programaron el operativo para la mañana de 30 de Octubre del mismo año 1975. Para tal fin, proporcionaron armas y personal suficiente, así como camionetas y tractores.
A la nueve de la mañana del día señalado llegó la caravana de hombres armados y motorizados para desalojar a los invasores. Sorprendieron a los campesinos, que solo contaban con sus machetes y una que otra carabina para defenderse. Hubo una intensa lluvia de balas de todos los calibres que hicieron huir a los invasores. Quedaron muertos cinco campesinos, que fueron: Clemente Aparicio Parra, Rodolfo Jiménez Mora, Raymundo Lara Villar, Isidro Posadas y Pablo Sánchez. De parte de los terratenientes no hubo bajas ni heridos.
Los jacales que habían levantado los campesinos fueron destruidos con tractores agrícolas. Los muertos pudieron haber sido más de no ser porque al verse perdidos y vencidos, huyeron para salvar sus vidas, de lo contrario habrían caído por decenas por la lluvia de plomo que estaban disparando contra ellos.
El corresponsal de Diario de Xalapa, Dimas Preza Gasca, acudió en compañía de un reportero gráfico, quien fue despojando de los “rollos” de película que portaba, pero logró esconder uno tirándolo en el pasto. Así fue posible ilustrar la información publicada posteriormente por el corresponsal.

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