En el viejo Martínez…
En el viejo Martínez…
🔵UNA HISTÓRICA TRAGEDIA🔵
Durante un período de dos años, en la década de los veintes, le correspondió presidir el ayuntamiento del recién creado municipio de Martínez de la Torre al señor Abraham Cadena, quien era a la sazón, próspero comerciante.
Como Martínez de la Torre siempre ha sido un pueblo dinámico, emprendedor y alegre, la Revolución poco alteró la vida social de los martinenses que solían divertirse, como ahora, con cualquier pretexto, como la celebración de los famosos fandangos y bailes de tarima.
Nunca faltaban los pretextos para las fiestas. Y un lugar atractivo para las celebraciones eran las instalaciones de la finca La Providencia, luego Soledad. Para llegar bastaba atravesar el río a bordo de una “panga” o “bote”, ya que entonces no había puente. Los martinenses no soñaban con tener una vía de comunicación para ir y venir a Independencia, que así se llamó la finca donde se asienta el Ingenio.
Con ese ambiente pueblerino, llegó la fecha del cumpleaños del presiente municipal, don Abraham Cadena, y naturalmente, había que celebrarla, y qué mejor lugar que la finca La Providencia, propiedad de la familia Casazza.
Se organizó la pachanga, circularon las invitaciones y todos se dispusieron a concurrir, pero San Abraham resulto trágico.
Con el río crecido y peligroso, la gente se lanzó a la fiesta.
La “panga” fue sobrecargada y con el movimiento de la gente, la mayoría mujeres, se volcó a medio río.
La carga humana fue arrastrada por la impetuosa corriente. Muchos lograron salir a la orilla, río abajo, pero ocho personas perecieron ahogadas.
Inmediatamente se propagó la noticia en el pueblo y numerosos voluntarios se aprestaron a la búsqueda de los cadáveres. Tardaron días en localizar y sacar los cuerpos de las ocho victimas, que fueron los hermanos Luis y Alfonso Campillo González, ámbos arrastrados por la corriente, quedaron juntos, abrazados fuertemente. Ellos habían logrado sacar y salvar a varias mujeres, pero finalmente murieron ahogados.
Dos hermosas jovencitas, hijas de don Raymundo Pérez, también perdieron la vida en las aguas del río.
Dos señoritas y su padre, que las acompañaba a la fiesta, tambien murieron por inmersión; el señor era el padre de doña Carlota Hernández.
Con este lamentable acontecimiento, la fiesta de cumpleaños del alcalde Abraham Cadena se convirtió en luto colectivo; el duelo duró días, semanas, meses y años, pues pasaron lustros para que la población, familiares y amistades de los occisos, pudieran conformarse y olvidar la tragedia.
En el “descanso” de la capilla del panteón municipal fueron depositados los ocho cadáveres mientras los carpinteros terminaban de construir los féretros de madera.
Antes no había funerarias, como ahora. Cuando ocurría algún deceso, el carpintero tomaba la medida al difunto y hacia la caja para ser sepultado.
Los carpinteros del pueblo siempre tenían tablas cepilladas y listas para ser cortadas con serrucho y hacer el ataúd.
Han pasado muchos años de esta lamentable tragedia y muchas personas aún viven para contarlo.
Durante años se guardó luto y se suspendieron las fiestas, pues ya se sabe que Martínez de la Torre era un pueblo pequeño, donde todos se conocían.
GRÁFICA: Vista panorámica del primer quiosco del parque “José María Mata” y, a la izquierda, el palacio municipal de una sola planta y de horcones de madera, que antes llamaban “Casa Consistorial”, cuando recién fue creado el municipio de Martínez de la Torre, antes Paso de Novillos.