EL TRÁGICO FINAL DEL DOCTOR ALFINIO FLORES
Al desplomarse la avioneta que tripulaba en la sierra de Naolinco, encontró la muerte el doctor Alfinio Flores Beltrán, teniente coronel en retiro del Ejército Mexicano y director de Asistencia Pública y de los Servicios Coordinados de Salud del gobierno del licenciado Rafael Hernández Ochoa…

En los años cuarentas llegó a Martínez de la Torre para incorporarse al Quinto Regimiento de Caballería el entonces capitán médico militar Alfinio Flores Beltrán, quien luego de su arribo y merced a su profesión se relacionó socialmente con todos los sectores de la población. Antes, los militares de cualquier jerarquía se incorporaban a la sociedad; desde el comandante hasta los soldados rasos hacían vida civil y participaban en las actividades de la población. De esta manera los militares ganaban amistades y hasta cariño entre la sociedad; tan es así que los bailes considerados de gala, o de categoría, se celebraban en el cuartel militar, donde hasta las reinas de las ferias titulares de aquel tiempo eran coronadas en ceremonias solemnes, con el atractivo espectáculo que daban los jefes y oficiales con sus uniformes de gala.
El doctor Flores alcanzó el grado de Mayor y por su capacidad y trabajo profesional muy humanitario, fue designado Director del Hospital Civil “General Manuel Ávila Camacho” que dependía de la dirección de Salubridad y Asistencia del gobierno del Estado, cargo que llegó a ocupar “el flaco Flores”, como le decían, en el gobierno de don Rafael Hernández Ochoa.
Fue el doctor Flores un cirujano famoso que salvó muchas vidas, ya que sus intervenciones quirúrgicas se consideraban milagrosas porque rescató de la muerte a muchos enfermos que estaban desahuciados. Nunca fue un facultativo metalizado, pues las más de las veces no cobraba honorarios a sus pacientes de escasos recursos o a sus amigos, por ello se ganó el busto que fue colocado en el inicio del Boulevard que lleva su nombre y que da acceso al panteón municipal (hoy conecta con el libramiento de la ciudad).
Tanto el médico como su esposa, Anita Núñez de Flores hicieron vida social activa en la población y supieron ganarse el afecto y el cariño de los martinenses. Corría entonces la década trágica de los años setentas.
Pero las dificultades, que nunca faltan, llegaron para el médico militar. Tuvo problemas con el señor Florencio Barranco Fajardo, un acaudalado empresario que había llegado de Teziutlán a invertir en Martínez de la Torre donde fundó el fraccionamiento El Mirador.
Las dificultades se ahondaron entre ambos al grado de que se hicieron irreconciliables por cuestiones de dignidad que dieron origen a la violencia, pero esa es otra historia que les contaré por separado en próximas publicaciones.