EL RIO, FUENTE DE ALIMENTACION

Antes de la llegada del Ingenio Independencia que, como ya dijimos, fue traído desde Puerto Rico durante la década de los cuarentas, el río Bobos era una fuente de alimentación para pobres y ricos, mas los primeros de los segundos.
Cuando en los hogares no había nada que comer, los jefes de familia y hasta los hijos y mujeres iban al río con anzuelos y arpones, en pocas horas regresaban cargados de pescados de diversas especies como robalos y bobos, que eran los preferidos.
Abundaban los camarones y las acamayas pero nadie los quería y mucho menos los llamados “burros”, ya que estos nadie los comía.
Había tantas acamayas, que eran consideradas como una plaga, pues ningún pescador les hacia caso, por ser un animal grotesco, feo, “manudo” y de color sucio.
Y con la llegada de la gente que vino a trabajar al ingenio, los pescadores se hicieron muchos, aun cuando para todos producía el río. Había robalos viejos que llegaban a medir hasta un metro de alto, asi como abundantes bobos que alcanzaban grandes tamaños. Hubo personas que llegaron a matar y capturar bobos y robalos a tiros desde el recién inaugurado puente Martínez-Independencia, ya que pasaban cardúmenes de peces de diversas especies.
🔵TONELADAS DE PESCADOS, A LA BASURA🔵
Era tradición que en los días previos a las fiestas de Todos Santos, el bobo “bajara” a desovar en el mar y a su paso por la ribera era capturado con enormes redes que colocaban en ambos lados de la corriente.
En lugares como El Pital, Paso de Telaya, Jicaltepec, San Rafael, el Ojite y El Mentidero los pescadores de bobos capturaban grandes cantidades de animales cuando éstos se dirigían al mar. Los poblados señalados se apestaban a pescado descompuesto, porque quienes lo capturaban se las veían para sacar los animales que quedaban atorados en las redes. “Botes”, canoas y pangas se veían copeteadas de bobos, que pescaban en días de “resumo”, que es cuando bajaba esa especie.
Era tanto el animalero, que los pescadores, luego de capturar el bobo, le sacaban la hueva y lo tiraban al agua, porque la gente ya no lo quería ni regalado.
En los poblados de la costa, los vendedores de pescado, que fueron los pioneros del ambulantaje, salían a los ranchos lejanos al río a ofrecer el producto y si no lograban venderlo, lo regalaban porque se descomponía inmediatamente por falta de refrigeración, pues tal adelanto de la tecnología no había llegado aún a la zona.
De esta manera, en las calles y en los caminos se notaba la molesta pestilencia y hedor del pescado descompuesto.
Las acamayas, decíamos, era un especie que nadie quería consumir y por lo mismo abundaban en el río; nadie las quería hasta que llegó a Martínez de la Torre procedente de San José Acateno, el señor Refugio Bello, quien fue considerado como el pionero de las acamayas en este pueblo.

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