EL MARTÍNEZ DE AYER

En el edificio ubicado en la avenida de Maximino Ávila Camacho, esquina con la calle Morelos, construido en 1888 por don José María Mata, vivió él con su esposa, doña Josefina Ocampo, hija que fue de don Melchor Ocampo, quien fue creador de las leyes del Registro Civil.
Doña Josefina enfermó y fue llevada a la Ciudad de México, donde dejó de existir, dejando una hija llamada Josefina.
Con el paso del tiempo, el señor Mata se casó en segundas nupcias con la maestra Flavia Torre.
Don José María Mata, quien era general y doctor, fue presidente municipal de Martínez de la Torre en 1894; como alcalde, fundó el panteón municipal y construyó la barda del mismo, que se ubicaba a orilla del rio y del Camino Real, en la bajada de la loma “El Mirador”.
El general Mata falleció de “angina de pecho” en la finca La Providencia, en el año de 1895, siendo sepultado en el citado panteón; al morir, dejó al pueblo como legado un rancho rentado al señor Juan Wells y una cantidad de dinero a intereses, con el fin de que los réditos y la renta se aplicaran al sostenimiento de las dos escuelas primarias, una para niños y otra para niñas, que había construido y sostenido de su peculio, según manifestó el profesor José María Fierro en una publicación de 1942.
Cinco años después, en 1900, vino a Martínez una comisión de diputados federales con el fin de llevarse los restos mortales del señor Mata para ser sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres de la Ciudad de México, dejando en el panteón una parte de la columna vertebral del héroe fallecido, con el fin de que el pueblo que eligió para vivir los últimos años de su vida le rindiera el justo homenaje que merece. El patrimonio heredado, que formaba parte en el plan de arbitrios del ayuntamiento, fue desaparecido años después, así como las dos escuelas, cuyos alumnos y alumnas fueron concentrados en la escuela Patria desde la creación de ésta, en 1944.
Muchas tumbas de ese panteón fueron arrasadas por la corriente del rio en una inundación ocurrida en los primeros años del siglo XX, cuando fue creado el cementerio que actualmente sigue funcionando en la parte alta del pueblo.
🚕 LOS PRIMEROS TAXISTAS 🚕
El primer sitio de automóviles de alquiler que tuvo este pueblo se llamó “Servel”; se ubicaba en la esquina de la avenida Apolinar Castillo y la calle Hidalgo. Solo había cuatro automóviles viejos que manejaban don “Beto”, “Pipitilla”, “el Guillo”, don “Ito”, entre otros. Había llegado ya la carretera federal y ya tenía asfalto la avenida principal. Había llegado también el Ingenio Independencia, el Banco Ejidal y la luz eléctrica; el puente estaba recién construido y ya funcionaban los hoteles Granada, de don Tirso Aguera; el Veracruz, de don Ignacio Martínez; y el Central, de don Fidel Vargas. Antes hubo dos hoteles, el México y el Colón.
En la contraesquina del parque funcionaba el restaurant y el bar, que fue propiedad de doña Gudelia Tejeda. La señora Tejeda convino con el señor Germán García Salmones ceder su terreno para la construcción del edificio de la esquina, y que éste fuera rentado y devuelto en diez años a la propietaria del terreno. En esos locales funcionaron la mueblería El Puerto de Vigo, de los hermanos Justo; la ferretería La Palma y otros, en la planta baja. En la planta alta estuvo el Club de Leones y la vivienda de la familia Cuevas-Tejeda, así como los estudios de la Radiodifusora XEHU, en la terraza. También don Germán, quien era concesionario de la cervecería Moctezuma, acordó con los taxistas en cambiar el nombre a la base para ponerle XX en vez de Servel.
Servel era la marca del primer refrigerador que fue adquirido por doña Gudelia para enfriar las “chelas” en su cantina.
Don Germán también construyó la bodega y el salón de fiestas “Jardín XX Club”, que durante muchos años fuera el principal espacio para los bailes populares y de gala.
ACLARACIÓN: En la pasada publicación “Los primeros en llegar”, por un error omití los apellidos de los hermanos Parada Torre, que fueron y son excelentes familias. Disculpas.
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