EL COMERCIO Y LOS ARRIEROS
Durante más de un siglo, Teziutlán fue la capital del comercio de la zona de Tlapacoyan, Misantla, San Rafael y Martínez de la Torre. Inicialmente, el transporte de las mercancías se hacía a lomo de mulas y después en carretas y camiones cuando el tiempo lo permitía, pues la sierra de Teziutlán, densamente enmontada como estaba, era muy lluviosa y con cerrada neblina, y por tanto peligrosa por las pronunciadas pendientes y barrancas del camino real que comunicaba a la Perla de la Sierra con la zona costera. Y fueron los arrieros los que buscaron y encontraron las mejores rutas en atajos y veredas, para que los pueblos se comunicaran uno con otro. La arriería floreció en aquellos tiempos de grata recordación. Don Laureano Sánchez y Don Dionisio Pañeda fueron arrieros, como lo fueron Don Manuel Ávila Castillo, y muchos más.
El comercio de la región dependía de Teziutlán, desde antes que Paso de Novillos dejara de ser congregación, en 1882, hasta mediados del siglo pasado, cuando el comercio de la zona pudo proveerse directamente de las fábricas.
Todas las mercancías que se consumían en la región pasaban por las grandes bodegas y almacenes que los comerciantes españoles tenían en Teziutlán.
Además, toda (o casi toda) la producción agrícola de la zona era acaparada por los teziutecos.
Barrientos, Delgado, Barranco, Ballesteros y otros españoles más, fueron distribuidores exclusivos de las principales marcas refresqueras, cerveceras y de mas productos de alto consumo.
Los arrieros fueron los transportistas de su tiempo. Decenas o centenas de ellos surcaban los caminos con sus recuas de mulas rumbo a Teziutlán cargadas de vainilla, tabaco (productos de alto valor), maíz, frijol, chile, etc. Las grandes bodegas de los comerciantes y hacendados recibían las cargas de frutas y semillas y a la vez cargaban las bestias con las diversas mercancías que se consumían en la región costera.
Teziutlán se veía cotidianamente invadida de mulas y arrieros que llegaban y salían por las empinadas y estrechas calles de la ciudad registrando una gran ebullición. Los empresarios peninsulares se reunieron entonces para discutir y formar una empresa cooperativa para la construcción de una carretera que uniera a Teziutlán con Tlapacoyan, Martínez, San Rafael, Nautla, Tecolutla y Gutiérrez Zamora. La empresa titánica se denomino “Cooperativa Vía Especial Para Automóviles y Camiones “, pero el proyecto, ya en ejecución, quedo frustrado por los motivos que mas adelante mencionaremos.
Las principales familias de la zona enviaban a sus hijos a estudiar al Liceo de Teziutlán, que era uno de los colegios elitistas más cercanos a Martínez de la Torre. El Liceo de Teziutlán, era el equivalente actual de enviar a los jóvenes a Harvard. Ahí estudiaron los Ávila Camacho, los Bringas, los Descomps y muchos jóvenes de la añeja “alta sociedad “de aquellos tiempos pretéritos.
En materia de comercio, Martínez de la Torre fue mercado importante para Teziutlán. Los consumidores directos e indirectos fueron tributarios de la Perla de la Sierra por la vía de los precios y ganancias de los proveedores de las mercancías. De hecho, la región fue una mina de oro para los empresarios que amasaron sus fortunas negociando, comerciando, acaparando, especulando, que tales son los objetivos de los empresarios de siempre. Comprar barato y vender caro, ha sido y es el principio, la regla, la ley del comercio.
Otra norma, costumbre o sistema era y es la de comprar fiado a largo plazo, para vender de contado riguroso. De esta manera, el negocio es doble: el comercial y el financiero, como lo hacen ahora las grandes cadenas que otorgan créditos con altísimos intereses pagaderos en abonos chiquitos o paguitos, convirtiendo al cliente en una victima, ya que paga el doble, el triple o hasta mas, el valor de la mercancía fiada. Y para quedarse con todo el pastel, las grandes cadenas tienen sus propios bancos.
El comercio de Martínez de la Torre y la región siempre fue floreciente. Las tiendas, changarros y estanquillos que había, así como las misceláneas, siempre se veían atestadas de rancheros comprando lo que necesitaban o vendiendo lo que producían.
Valentín Fuentes en Nautla, Nicolás Segura y Rafael Sáinz en Jicaltepec eran los grandes comerciantes de principios del siglo pasado; recibían mercancías diversas procedentes de Francia, España y otros países de ultramar que distribuían en la zona costera. Así, los consumidores disponían de productos como vinos, ropa y alimentos, enseres y herramientas de lejanos países, de la misma manera en que ahora nos llegan mercancías diversas y hasta alimentos de China y Japón.
En aquellos tiempos, Nautla y Tecolutla eran puertos de cabotaje que registraba regular movimiento, pero dejaron de tener importancia al grado de que desde hace décadas no atraca ninguna embarcación en ellos por culpa de la carretera. Ahora solo son puertos de pescadores.
El pueblo más importante, después de Teziutlán y Misantla, era Jicaltepec, donde residían casi todos los franceses que habían llegado a mediados del siglo XIX. San Rafael no existía; lo fundaron los franceses al cambiarse de Jicaltepec al antiguo paraje de Zopilotes, llamado así por la gran cantidad de esas aves de rapiña que anidaban en el lugar.