EL AYER DE MARTINEZ

Nazario Romero Díaz.- Las personas de la tercera edad han de recordar a uno de los personajes destacados que tuvo Martínez de la Torre por su trabajo de fotógrafo en los años cuarentas y cincuentas.
Nos referimos a don Luis Domínguez, quien tenía la agencia distribuidora de productos Kodak. También era peluquero establecido en la Avenida Pedro Belli, arteria que también era conocida como la calle de La Ribera por ubicarse a orillas del rio.
No era el único peluquero, pues también cortaban pelo y rasuraban Domingo Chávez, Miguel Castañeda y otros más, pues ese oficio dejaba buenas utilidades porque no tenía la competencia que tiene ahora esa actividad por la aparición de los salones de belleza, estéticas unisex y otros giros similares que son atendidos por mujeres y uno que otro gay, capacitado para el cuidado del cabello y el rostro.
Los peluqueros de antaño se veían agobiados de trabajo y así ganaban buena lana, por ello sobraban jovencitos deseosos de aprender del oficio de estilista, como lo llaman ahora, y sin cobrar salario alguno, trabajaban como “chícharos” (que así les decían a los aprendices) con la obligación de mantener limpio el local y las herramientas.
Don Luis Domínguez posteriormente estableció su negocio de peluquería en la avenida Apolinar Castillo, en los bajos del Hotel Veracruz, el cual antes se llamaba Hotel México, propiedad de don Ignacio Martínez Ortiz.
En lo que fue la Farmacia del Centro. Estaba la peluquería Domínguez y en un anexo la Perfumería Pompeya, donde don Luis vendía cámaras fotográficas y rollos kodak y desde luego, perfumes, esencias, fragancias y todo para oler bonito.
Para entonces, muchos empresarios, comerciantes e industriales de otras partes tenían puesta la mirada ya en Martínez de la Torre.
La brecha de la carretera México-Puebla-Teziutlán-Nautla, que pasaría por este municipio, avanzaba con celeridad y ya venía por el tramo de Altotonga. Y en poco tiempo llegarían los trabajos de construcción de esa vía a Martínez de la Torre y a la costa de Nautla.
Al inicio de la década de los cuarentas, el servicio de autotransportes de primera y de segunda clase solo era de Teziutlán-Altotonga y Jalapa, vía Perote.
Para viajar a la ciudad de Teziutlán había que hacerlo a caballo para abordar el autobús en la Perla de la Sierra, hacia Jalapa, Puebla o México.
Altotonga y Teziutlán eran las ciudades más importantes y cercanas a Martínez de la Torre, pues estaban a dos días de viaje a caballo. Los viajeros llegaban con las piernas arqueadas y adoloridas por la incomodidad de la silla de montar. Además, el viaje era peligroso, no por los ladrones, asaltantes o bandidos –que no existían- si no por los animales salvajes que había en la selva teziuteca. Había “postas” en el camino para descansar y pernoctar. Ya se sabe que “postas” se denominaban las casas ubicadas en los caminos donde los pasajeros podían hacer un alto para tomar sus alimentos y descansar los animales y hasta pernoctar, para el día siguiente seguir el camino.
En las décadas de los años cuarentas y cincuentas tuvo época la Perfumería Pompeya, la cual fue famosa por ser la única que había en Martínez de la Torre.
Con el tiempo y con la llegada de numerosos establecimientos comerciales de todos los giros, el negocio se vino a menos y don Luis cerró la perfumería y también la peluquería para dedicarse exclusivamente a la fotografía.
Y como también la ciudad fue invadida por fotógrafos profesionales y aficionados, su clientela empezó a escasear hasta que decidió retirarse.
Fue entonces cuando vendió su casa en la avenida Pedro Belli y se fue a vivir en una alejada colonia popular, donde dejó de existir a edad avanzada.
Otro personaje martinense del pasado fue don Manuel Navarrete, quien además de músico elaboraba y vendía tepache purísimo, bien frio, en su domicilio de la avenida Apolinar Castillo. Don Manuel Navarrete fue presidente municipal número 16, cuando las funciones de alcalde solo duraron un año, luego dos, después tres y, actualmente, cuatro años.
Don Manuel tuvo el mérito de promover la formación de músicos, ya que ejecutaba varios instrumentos.
En el año de 1942, don Fidel Vargas ya había construido la hotel y restaurant “Central” que se ubicó frente al parque José María Mata.
Don Fidel cada año salía de vacaciones en coche nuevo en compañía de su esposa, doña Elfega Valdés, quien muy joven, a los 15 años, se casó con él.
Galdino Cuevas Tejeda (el mojado) fue el chofer de confianza del millonario don Fidel Vargas.
Otra persona gratamente recordada es don Miguel Mendoza, un prestigiado sastre que trabajaba en su taller de la avenida Pedro Belli.
Don Miguel Mendoza les hacia los pantalones a los más distinguidos y exigentes personajes (para eso de vestir) de su tiempo.
Estaban de moda entonces los pantalones “balones” (de bastilla muy ancha) al estilo de los insurgentes.
Después vendría la moda de los pantalones “pachucos” muy angostos de abajo y abultados de arriba con grandes pinzas en la cintura. Parecían embudos. Ese estilo lo puso de moda el famoso “pachuco” Tin Tan, Germán Valdés.
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GRÁFICA: Esta casona se ubicaba frente al parque central, junto al edificio de don José María Mata. Fue propiedad de don Rafael Cid, empresario español que radicó en Martínez de la Torre, donde tuvo varias propiedades. Posteriormente, fue adquirida por don Fidel Vargas García, quien construyó el famoso Hotel Central.

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