DUENDES O CHANEQUES
DUENDES O CHANEQUE.- Dice la leyenda que estos seres sobrenaturales son inofensivos pero maldadosos; los hay buenos y malos.
Los primeros viven en las orillas de los pueblos, donde aparecen en las casas alejadas de los centros urbanos; y los malos (porque hacen travesuras pesadas) viven en el campo y tienen la misión de cuidar la vegetación, los arroyos y los ríos.
En décadas pasadas eran frecuentes las apariciones de duendes en las orillas de este pueblo que antaño era muy pequeño y olvidado; en consecuencia, los habitantes vivían sin esperanzas de progreso y en la pobreza. Los “principales” de la comunidad para nada tomaban en cuenta a los infelices trabajadores; pues ni la historia suele ocuparse de los humildes.
Lo anterior viene a cuento porque en éste como en todos los pueblos, existen muchas historias y leyendas casi olvidadas que no han sido contadas o escritas… frecuentemente en los años veintes, treintas y cuarentas, eran vistos muchos chaneques en las comunidades del Cañizo y Villanueva, lugares cercanos a la legendaria hacienda ganadera Perseverancia, propiedad que fue de don Manuel Zorrilla Bringas.
En esa finca tuvo su cuartel el jefe de las Operaciones Militares del Estado, General Guadalupe Sánchez, a quien atribuyen haber sembrado de cadáveres de hombres fusilados en terrenos de la misma finca o en los lugares cercanos, como las citadas comunidades.
Con el paso de los años y con frecuencia, aparecían espectros y duendes que habitaron en ese rumbo.
Mucha gente vio las apariciones fantasmales y también grupos numerosos de duendes juguetones, traviesos y bromistas.
Aparecían jugando a temprana hora para atraer a los niños y éstos se iban con ellos para aparecer horas o días después sanos y salvos. La explicación que daban a sus padres era “que estaba jugando”. Quienes han visto chaneques los describen como niños bien vestidos, a la usanza antigua, como hijos de reyes; limpios juguetones e inofensivos, pero que desaparecen cuando son visualizados.
En El Cañizo y Villanueva, las apariciones de estos seres sobrenaturales eran frecuentes en aquellos tiempos remotos en que había sicosis por esos hechos.
Hace pocos años una ama de casa de El Cañizo vio a un duende. Agarró de la mano al pequeño ser “que tenía la cabeza aguada” y lo sacó de su casa pero se le safó y penetró a la vivienda para luego desaparecer misteriosamente.
También una maestra vio otro chaneque en el plantel y temerosa dio aviso a los alumnos con quienes intentaba jugar.
Los duendes son seres fantásticos entre los espíritus y los hombres; aparecen en las casas antiguas o en lugares que antaño fueron escenarios de hechos transcendentales pero a pesar de ser considerados como fantasmas, porque se aparecen, son inofensivos, bromistas y juguetones.
En el viejo Martínez de la Torre los duendes fueron vistos también (o creyeron haberlos visto) por muchas personas que habitaron en las afueras del pueblo, como en Cantarranas, Tembladeras, La Pasadita y Cruz Verde. Los chaneques forman parte de las muchas historias y leyendas que fueron temas de conversación de nuestros antepasados; pero los espantos, las apariciones, los espectros, la llorona y los fantasmas, se acabaron cuando llegó la luz eléctrica y el pueblo dejó de iluminarse solo con candiles y la luz de la luna. Durante las noches, la luna proyecta figuras fantasmales con las ramas de los árboles, movidas por el viento, y al ser observadas por las personas que creen en las apariciones, se atemorizan y enferman de espanto, padecimiento que la ciencia no puede aliviar; solo los chamanes, brujos o curanderos, herederos de rituales y prácticas milenarias, lo pueden curar en cuestión de minutos, en tanto que los psicólogos y siquiatras lo intentan en varias o muchas sesiones, nos dicen quienes han padecido este problema.
Gráfica tomada de la red.