CON LA CARRETERA LLEGÓ LA PROSPERIDAD
Nazario Romero Díaz.- Martínez de la Torre, Ver.- En esta serie de Crónicas y Relatos que publicamos en esta página de FB, tratamos de rescatar un pasado condenado al olvido, para recordar o conocer lo que fueron e hicieron nuestros ancestros; pero no debemos vivir en el pasado, sino en la modernidad, al compás con la época.
Decíamos en crónica anterior que los martinenses nativos eran apenas el diez por ciento en los años cincuentas en que ocurrió la segunda inmigración de gente que vino atraída por la fama que ya cobraba este pueblo, tras la llegada de la carretera y del Ingenio Independencia.
Con la carretera, llegó el dinero con las rayas de los trabajadores de la compañía contratista que realizó la obra durante el régimen presidencial del Gral. Manuel Ávila Camacho. Entonces el papel-moneda de baja denominación era de un peso, billetes de color rojo con el Ángel de la Independencia en el centro y el número uno en los extremos, conocido aquí como “chútaros” que así les decían a los trabajadores del pico y la pala; los de cinco “varos” tenían en el centro el rostro de una bella mujer; los de diez, una tehuana y los de veinte pesos, la foto de la regidora Josefa Ortiz de Domínguez.
Los billetes que mas circularon entre la clase pobre de aquel tiempo fueron los de un peso; surgieron entonces numerosas fondas. Muchas amas de casa vendían antojitos mexicanos entre la chutarada hambrienta de la carretera, sea en la puerta de sus casas o en el tramo donde laboraban, entre Tlapacoyan, Martínez de la Torre y San Rafael. Esa fue la época de las vacas gordas de las familias pobres que ganaron dinero con sus actividades culinarias.
Llegaron entonces, con la carretera, hombres visionarios, honestos y probos, así como empresarios codiciosos y mercaderes de alma sucia, honrados trabajadores y gentes de la peor calaña que pronto enseñaron el cobre. Llegaron también seudodirigentes y políticos “todo terreno” (como las camionetas) que lo mismo militaron y militan en el centro, en la derecha o en la izquierda.
Florecía el cultivo de la caña de azúcar. Miles de hectáreas de tierras productivas y generosas, fueron sembradas de la gramínea para abastecer al Ingenio, y tuvo éste su época de oro. Los trabajadores escupían por un colmillo; en consecuencia, proliferaron las cantinas, los burdeles, tugurios y demás casas de mala nota, atendidas por mujeres de la vida fácil que vinieron de otras partes, a las que se sumaron algunas nativas, ejerciendo el oficio mas viejo del mundo.
La caña de azúcar trajo grandes beneficios; trajo prosperidad y bienestar para los productores, empleados, trabajadores, proveedores, transportistas de la zona, pero como todo lo que empieza termina, el cultivo de la gramínea fue desplazado por los cítricos.
La calidad y los altos precios del limón y la naranja, la toronja y la tangerina, motivaron la siembra de esos productos, hoy en decadencia porque ese cultivo está próximo a cumplir su ciclo y vendrá el relevo generacional, como ocurrió en la vainilla, el tabaco, el maíz en el pasado remoto y reciente, cuando sobraba tierra y faltaban brazos, a diferencia de hoy en que sobran brazos, pero falta tierra, que es la que nos da la vida.
El plátano se cultiva en gran escala en esta región desde hace mas de ochenta años en que llegó una empresa norteamericana a promover la siembra del banano,> otorgando créditos para su cultivo en las generosas tierras vegas fertilizadas por los ríos Bobos, Kilate y María de la Torre.
La compañía operó durante algún tiempo, pero de la noche a la mañana suspendió la compra, dejando a los productores colgados de la brocha. Desde Tlapacoyan, Martínez, San Rafael, Nautla y la parte baja del municipio de Misantla, las tierras vegas eran platanares que producían abundante fruta que, desde El Pital, salían chalanes y plataformas copeteadas de racimos, rio abajo, hasta Nautla, donde la embarcaban para enviarla a Veracruz. Muchos racimos de la variedad roatán llegaban a medir hasta dos metros de altura. Y pronto llegó la plaga del “chamuco” que tiempo después acabó con el cultivo de roatán.
Entonces la empresa norteamericana se fue y toda la producción se perdía podrida. Ni los puercos la comían.
Muchos agricultores cambiaron de cultivo y los más abandonaron sus cultivos, hasta que, tiempo después, ya con la carretera abierta, pudieron enviar la fruta a los mercados de las grandes capitales del país. Y con altibajos en el precio de la fruta, las tierras vegas siguen produciendo ese alimento.