ANO MANILLA, UN ARTISTA MARTINENSE (2/2) 🧑‍🎨

Cuarenta años después de su retirada, cuando ya cargaba los sesenta de edad, el maestro Cano Manilla retornó a su tierra natal, Martínez de la Torre, solo para exponer parte de su obra y recibir el homenaje que le rindió el Club de Leones, precisamente en diciembre de 1960. Vino a instancias de don Manuel Zorrilla Rivera, a la sazón gerente general del Ingenio El Mante, (Tamaulipas) donde radicaba el señor Cano y se desempañaba como maestro titular de artes plásticas y director del Instituto Regional de Bellas Artes. En Ciudad Mante, Cano Manilla dejó como herencia un mural de 500 metros cuadrados en la Escuela de la Cooperativa de Ejidatarios y Obreros del Ingenio El Mante, S. C.L.
Aquí en la “cueva” del Club de Leones, el maestro montó una exposición de 60 cuadros de diferentes tamaños en diversas técnicas, óleos, acuarelas, acrílicos, etc., que fue muy concurrida.
En la ceremonia Leonística, a la que asistieron todos los socios del organismo, así como numerosos invitados, Cano Manilla recibió la grata sorpresa que le ofrecieron los hermanos Ángel y Andrés Quiroz, quienes le entregaron las banderas cuyas águilas había pintado el vaquero de Almanza el 14 de septiembre de 1910. Los Quiroz habían conservado esas banderas, y cincuenta años después las entregaron al maestro, quien las recibió con lágrimas de la emoción que sintió al ver que los paños tricolores habían sido conservados como un tesoro. Atestiguaron este acto los señores Rubén Martínez Mendoza, Homero González Bello, Ing. Carlos J. de Alba, Ing. Emigdio de la Fuente Gavira, Domingo Rodríguez y la señorita Estela Campillo, así como los demás integrantes del Club de Leones.
Varios días estuvo abierta la exposición y con mucha asistencia hasta que finalmente el maestro y su hijo Gilberto recogieron los sesenta cuadros para retornar a Ciudad Mante.
Don Ramón Cano Manilla se había ido muy joven de Martínez de la Torre, donde nunca radicó; si acaso venia esporádicamente a visitar a su familia. Por lo tanto, era desconocido como el exitoso artista que fue. Dominaba varias técnicas de la cultura, especialmente dibujo, pintura, modelado, talla de madera, etc. fue fundador y maestro de escuelas de artes en varios estados del país hasta que finalmente eligió para vivir y morir a Ciudad Mante, Tamaulipas, donde fue comprendido, apreciado, reconocido, estimulado, y apoyado como merecía y merece un artista como lo fue el maestro. Cano Manilla es un ejemplo para la niñez y la juventud; es un ejemplo de que el hombre es lo que quiere ser; que luchando se logra lo que se quiere; que el que quiere, puede.
Durante su estancia aquí, conocí y hablé con el maestro Cano cuando me desempeñaba como reportero de El Sol de la Costa, periódico semanario que dirigía don Daniel Juan Valenzuela Pérez. Entre ambos hicimos el texto que fue leído en el Club de Leones por el Dr. Julián Cuevas Landa durante el homenaje que se le rindió. Era un hombre sencillo, como lo son las personas cultas; modesto porque no presumía de sus obras ni de sus éxitos logrados a nivel internacional.
Sus cuadros tenían precio y no estaban al alcance de la llamada clase media. No supe si vendió, pero lo vi cargar amorosamente cada una de sus pinturas para subirlas al camión cañero que lo llevaría de regreso a El Mante. Y se fue para nunca volver, pues allá murió tiempo después de su visita a su natal Martínez de la Torre.
Sus obras fueron y son consideradas como patrimonio cultural de México y se encuentran en el Museo Nacional (MUNAL) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
Es posible que el maestro se haya percatado de que en un pueblo donde impera la codicia, no hay espacio para la cultura y quizá por ello nunca regresó pensando que aquí no había campo en aquel tiempo para su actividad creativa. También pudo comprobar que nadie es profeta en su tierra y que el que nace podre, vive pobre y muere pobre si no se ausenta del lugar donde nace. Y él se fue para triunfar.

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