⛪EL TEMPLO DE SAN JUAN BAUTISTA⛪

(Historia)
Nazario Romero Díaz.- Según la monografía del Ing. Manuel Estrada García, la primera misa celebrada en la capilla de Paso de Novillos, congregación que pertenecía entonces al municipio de Tlapacoyan, fue el 25 de junio de 1880 oficiada por el sacerdote Manuel de la Villa, quien posteriormente fue sustituido por el padre Casto Rodríguez.
Construída a base de tarro y palma, la capilla se ubicaba en el mismo terreno que ocupa actualmente el templo de San Juan Bautista el cual había sido generosamente donado por los hermanos Antonio y Miguel Melgarejo, que tenían esa posesión desde antes de que naciera como municipio Martínez de la Torre.
Las familias que residían en Paso de Novillos eran contadas. Había pocos artesanos y comerciantes en pequeño, pues la mayoría de los habitantes trabajaban en las haciendas cercanas a la ranchería.
En ese mismo año se inicia la construcción del templo de San Juan Bautista, para lo cual la feligresía aporta la mano de obra, en tanto que los materiales fueron otorgados por mecenas, ya que en ese tiempo la iglesia recurría al mecenazgo que ejercían los hacendados y las personas pudientes.
La obra avanzaba lentamente llegando el momento de suspenderse porque los materiales se agotaron y los feligreses se cansaron de las faenas. La torre había quedado a medias, solo con dos niveles de los cuatro proyectados. Así permaneció durante casi una década en que la gente de la comarca conocía al pueblo como “Martínez de la Torre Mocha”.
Fue hasta 1930 cuando la parroquia quedó totalmente concluida. Contaba con la nave principal techada con vigas de madera y tejas de barro y muros de mampostería. La Torre tenía ya sus cuatro niveles, el campanario y su reloj.
El templo se levantaba majestuoso contrastando con el caserío de tablas, techadas con tejas o láminas de una sola planta que predominaban en la población.
Las casas “de altos” eran muy pocas y destacaba el edificio de don José María Mata, en la esquina de Apolinar Castillo y la calle Morelos. Este inmueble pasó a poder de doña Adela Casazza, luego a su hermana y finalmente a la familia Vildósola y a los hermanos Martínez.
Ya vetusto, el edificio fue demolido para construir el actual M y M.
Junto a la iglesia se ubicaba la propiedad que fue de don Rafael Cid, un acaudalado español que vivió aquí. Era una enorme casona de madera con un bonito portal de horcones frente al parque central que luego se llamaría parque “José María Mata”.
En lo que fue la propiedad de don Rafael Cid, fue construido por don Fidel Vargas el que fuera Hotel Central, en cuyo costado instaló su Botica “San José” fundada en 1905 por don Aurelio Núñez (ya desaparecida).
Para entonces ya estaba instalada la tienda de don Ignacio Martínez, en la esquina de la avenida Apolinar Castillo y Calle Hidalgo. Y sobre la avenida Pedro Belli e Hidalgo se asentaba sobre el terreno del parque la “Casa Consistorial”, que así se llamaba antes el palacio municipal que es ahora, solo que con nueva ubicación.
La antigua iglesia de San Juan Bautista era de tipo colonial, estilo que predominaba anteriormente, sobre todo en las parroquias, hoteles y residencias de los hacendados españoles.
Con el paso de los años y pasado el movimiento revolucionario de 1910, la población fue creciendo poco a poco hasta la década de los cuarentas y cincuentas, cuando llegaron el Ingenio Independencia, el Banco Ejidal, el Hospital, el puente, la luz eléctrica y muchas empresas privadas que hicieron crecer enormemente la población que primero fue ranchería, enseguida congregación, luego cabecera municipal, después villa y finalmente ciudad.
Creció la población y creció también la necesidad de atender a la feligresía que ya abarrotaba por completo el cupo y hasta muchos devotos quedaban fuera.
Surgió entonces la necesidad de construir una nueva iglesia para lo cual fue nombrado un patronato integrado por las personas más distinguidas de la ciudad presidido por don Pedro Manterola Rojas. Corrían entonces los primeros años de la década de los sesentas y ya estaba aquí la radiodifusora XEHU dando sus primeros pasos.
Para reunir la cifra que se necesitaba para iniciar la obra que fue encomendada al arquitecto Alfonso C. Ricaño, que recién había salido de la universidad y asesorado por el famoso arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, elaboraron los planos y manos a la obra.
El patronato organizó el primer maratón radiofónico en el año de 1962 y, como era de esperarse, el pueblo devoto se volcó en el estrado para entregar sus generosos donativos, luego de haber sido inaugurado el evento por el obispo de la Diócesis de Papantla, don José María Sánchez Tinoco, quien años después moriría en un accidente automovilístico.
El maratón estuvo a cargo del locutor y promotor de colectas públicas, Salvador Aguilar Montenegro, quien vino contratado por don Pedro Manterola.
Montenegro promovió varios eventos para la iglesia, para el seminario diocesano de Teziutlán, para la iglesia guadalupana de Villa Independencia, para la escuela preparatoria y para varias obras más que todavía están sirviendo a la población.
Salvador Aguilar Montenegro vino para quedarse… y aquí se quedó: murió tras un severo problema cardíaco que padeció y fue sepultado en el panteón municipal. Era un profesional del micrófono. Con el aparato imantado y con la penetración de la emisora XEHU, movió multitudes con sus elocuentes arengas. Convenció a propios y extraños de las nobles causas que abrazaba y lograba aportaciones inesperadas de los pobres, de la clase media y de los dueños del dinero.
Así, fue posible llegar a feliz término sus campañas con el apoyo y la solvencia moral de todos y cada uno de los integrantes del patronato.
Y es que el verbo y la palabra son armas poderosas que convencen cuando se trata de causas nobles.
El mismo Jesucristo conquistó al mundo por los siglos y los siglos, solo con la palabra y su túnica, sin más sustento que el poder del Señor de los Cielos.
El artífice de la movilización masiva que originó y logró la construcción del nuevo templo de San Juan Bautista fue el estimable y bien recordado sacerdote don Benjamin Acosta Fernández, quien tuvo la satisfacción de ver terminada su obra antes de despedirse de este mundo. Su muerte fue un duro golpe a la feligresía de la parroquia y su sepelio, en Misantla, su tierra natal, fue una verdadera e histórica manifestación de duelo colectivo.
Lastimosamente, la torre del campanario de la vieja parroquia fue demolida pudiendo haberse conservado como símbolo de nuestro pasado, pues apenas tenía poco más de treinta años de haber sido erigida con el esfuerzo de los fundadores de Martínez de la Torre.

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